En ocasiones buscamos una conversación a la altura. Un abrazo cálido que calme nuestros miedos. Una voz que dé respuesta a todas tus preguntas, o que dude con nosotros. Y en ocasiones observamos que faltan palabras, que falta altura. Que el frío puede con los abrazos. Y que esa voz que esperamos escuchar se pierde en un inmenso silencio en el que solo resuena el eco de las dudas. Y entonces, duele. Y entonces, fallan.
Escribo, luego existo.