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Presentación

¡Bienvenidos a todos! A ver qué os cuento de mi para que os quedéis conmigo y no os asustéis. Empezaré diciendo que me llamo Sofía, aunque en mi casa me llaman ya por costumbre Sofis. Nací en el verano del 96 y aunque lo hice en Santa Pola (Alicante), vivo y estudio en Sevilla. Soy una  seño  en proceso, estudio Magisterio de Educación Primaria, y a parte de esta, tengo otras tres pasiones: escribir, leer y viajar.  La de escribir es la que mejor puedo plasmar por aquí. Es por eso que este Blog recoge aquellas cositas que voy escribiendo. A partir de ahora, ya van a aparecer clasificadas en: narraciones, reflexiones y  minitextos. Porque para gustos colores, y así los más delicados, a los que les guste unas cosas y deteste otras, me odiará un poco menos y tendrá lo que quiere un poco más a mano. Aunque yo recomiendo ir a la página principal y echar un ojo a todo, cada texto tiene lo suyo. Pero claro, ¿qué voy a deciros yo? Mi pasión por la lectur...

Ni idea. Ni siquiera nosotros mismos.

No tiene ni idea. Así era. No tenía ni idea.  Ni idea de las noches que no pude dormir pensando en él. De la noche que se me escapó un suspiro abrazada a la almohada y pensando en aquella última conversación, en aquel beso que no se iba a repetir y aquel abrazo que se quedó a medias y nunca se completó.  De las veces que abría su conversación y me quedaba mirando esa figurita gris porque había borrado mi número y no sabía que quería decir eso. 

Lugares

Hay lugares donde es maravilloso perderse, y tú eres uno de ellos. Hay lugares, donde pase lo que pase, -llueva, truene o haga frío- nos sentimos protegidos. Hay lugares que no dejan de permitirnos ser nosotros mismos. Hay lugares que, joder, nos hacen brillar por dentro. Hay lugares repletos de rincones dispuestos a enamorarnos. Y hay rincones que nos brindan momentos únicos. Hay rincones sorprendentes, extraordinarios, de los que no precisan filtro alguno. Hay rincones únicos para cada par de ojos existentes.

Llovía fuera

Le encantaba ver como llovía y escuchar las gotas llamando a su ventana. Le gustaba desde pequeña, y hoy cuando escucha llover, le invade la nostalgia y a veces, le acompaña la inspiración. Cuando llueve se enamora. Cuando llueve, le resulta inevitable apartar un poco la cortina, y observar desde su cama qué ocurre fuera. Mira esa chica de ahí. Va pendiente del móvil. Y haciendo malabares para poder sujetar el paraguas, mojándose cuanto menos. Le deben estar contando algo gracioso. Llueve, pero mira como ser ríe.

Desde entonces.

Me gustan los días de frío. Sí, aunque me queje. Es que, a veces, también soy algo contradictoria. Me gustan esas mañanas en las que abres los ojos, estiras el brazo para coger el móvil y darle los buenos días, y solo con ese gesto sabes que como muevas un solo milímetro más de tu cuerpo, pasarás a sentir todo ese frío que ha invadido tu cama. Y entonces, entonces lo echas de menos. Echas de menos esos abrazos, esos que hacían que el frío no existiera una mañana de enero.

Soltarte

Viajé a Andorra, y conocí el verdadero frío. Viajé una primavera a hablar francés en Toulouse, a Ginebra a comprobar eso que decían del delicioso chocolate suizo, y a Barcelona para culminar. Viajé a Venecia –en dos ocasiones –, en la primera me enamoré, en la segunda cumplí la promesa de que volvería. Viajé a Pisa, Florencia y Roma, dos palabras: che belleza! Viajé a Madrid, allí conocí la ciudad donde no me gustaría vivir.

Para todo

Se deseaban por encima de todo. Se querían, se adoraban. Para todo. Para pasar una noche de verano mirando las estrellas, escuchando el mar. Para competir todo un verano por ver quién se pone más moreno, respuesta que era más que obvia. Para compartir aquellos sentimientos, aquellos que no compartirían nunca con nadie más. Para compartir miles de tardes de peli, sofá y manta, porque mejor que en casa y con buena compañía, en ningún sitio. Para convertir cualquier día en un 14 de febrero, de esos que muchos esperan con ansia para celebrar.